
El modelo, concebido originalmente como totalmente eléctrico, terminó incorporando alternativas de tren motriz y se colocó inesperadamente en el centro de la discusión sobre el posible regreso del clásico motor de ocho cilindros. Este artículo explica por qué las conversaciones sobre el V8 se vuelven cada vez más concretas y qué motor específico podría instalarse bajo el capó del Charger.
Del vehículo eléctrico a una gama diversificada
En un inicio, el Dodge Charger se planeó exclusivamente en versión eléctrica. Esta estrategia buscaba reforzar la dirección de electrificación del grupo Stellantis, pero incluso durante el desarrollo quedó claro que la demanda de un vehículo de este tipo sería limitada. Por ello, se decidió incorporar una versión con motor de seis cilindros, lo que permitió ampliar el público objetivo y reducir parcialmente los riesgos.
La apuesta resultó acertada. El Charger con motor de seis cilindros captó rápidamente la atención del mercado y obtuvo altas calificaciones, incluyendo el título de “Automóvil Norteamericano del Año”. En este contexto, el interés por la versión eléctrica disminuyó notablemente, convirtiéndose en una oferta de nicho.
Conversaciones sobre el regreso del V8
Tras los cambios en la dirección de Stellantis, el tema del retorno de los motores de ocho cilindros volvió a cobrar relevancia. La experiencia con otros modelos ha demostrado que estos propulsores siguen siendo demandados, particularmente en Estados Unidos. En el caso del Charger, la cuestión no radica tanto en la posibilidad técnica de instalar un V8, sino en la selección del motor concreto.
El responsable de la división estadounidense de Stellantis, Tim Kuniskis, señaló que los V8 atmosféricos clásicos de 5.7 o 6.4 litros no serían adecuados en este caso. El nuevo Charger presenta una masa considerable: la versión eléctrica pesa alrededor de 2,650 kg, mientras que la variante con motor de seis cilindros ronda los 2,185 kg. Con estas cifras, motores V8 de menor potencia no lograrían ofrecer prestaciones dinámicas competitivas.

Por qué solo el Hellcat
De acuerdo con Kuniskis, la opción lógica sería instalar un motor al nivel del Hellcat. Se trata de un V8 supercargado capaz de entregar más de 700 hp, y en algunas configuraciones, más de 1,000 hp. Solo un propulsor de este calibre permitiría al Charger cumplir con las expectativas de los aficionados y competir con las versiones más potentes del Ford Mustang.
Sin embargo, surge un factor económico. Un Charger equipado con motor Hellcat se ubicaría inevitablemente en un segmento de precios superior a los 100,000 dólares. Esto implicaría un volumen de ventas limitado, ya que estas versiones son adquiridas por un público reducido. Por otro lado, un vehículo de este tipo podría funcionar como buque insignia y generar mayor interés hacia las versiones más accesibles.
Equilibrio entre potencia y demanda
En este escenario, cobra especial relevancia el motor seis cilindros turbo de tres litros. Dependiendo de la versión, entrega 426 o 558 hp, superando el rendimiento de los V8 atmosféricos básicos de generaciones anteriores. Este propulsor ya ha demostrado su popularidad en otros modelos del grupo y sigue siendo clave para las ventas en volumen.

Conclusión
El Dodge Charger se encuentra en la intersección de dos épocas: la electrificación y la preservación de los tradicionales trenes motrices estadounidenses. Técnicamente, el regreso de un V8 es viable, pero en la práctica solo podría tratarse de un motor potente y costoso al nivel del Hellcat. La decisión dependerá del rol que la compañía asigne a esta variante: un símbolo de nicho o una parte integral de la gama.