
Una de estas soluciones combina un combustible alternativo con un dispositivo capaz de capturar dióxido de carbono directamente de los gases de escape. La compañía japonesa ya probó el funcionamiento del sistema en condiciones de competencia en el circuito Fuji Speedway.
Cómo funciona la tecnología
El proyecto se basa en el uso de un combustible producido con microalgas del género Nannochloropsis. Estas algas se cultivan en zonas costeras de Japón, donde absorben dióxido de carbono de la atmósfera durante su crecimiento. Posteriormente, se extrae aceite de la biomasa, que después de ser procesado puede utilizarse como componente de un combustible alternativo para vehículos.
Según los cálculos de Mazda y sus socios, este combustible podría reducir de forma considerable las emisiones de CO2 frente a la gasolina convencional. Los residuos de las algas también podrían reutilizarse, por ejemplo, en la producción de aditivos para alimento animal. De esta manera, el proyecto considera no solo el vehículo, sino también el ciclo completo de obtención y aprovechamiento posterior de la materia prima.
El segundo componente del sistema está instalado en la línea de escape del vehículo. Un módulo específico captura una parte del dióxido de carbono y de otras partículas presentes en los gases de escape, para después almacenarlas en un contenedor independiente. El material acumulado debe retirarse periódicamente durante el mantenimiento. Posteriormente, también podría utilizarse en aplicaciones industriales, incluso como materia prima para determinados tipos de plástico.
Pruebas en circuito
Mazda realizó las primeras pruebas en noviembre de 2025 durante una carrera de cuatro horas de la serie Super Taikyu. En esa ocasión, el vehículo completó 120 vueltas y terminó quinto en su categoría. En aquella fase, el sistema ya podía extraer CO2, aunque todavía no contaba con un depósito completamente desarrollado para almacenar el material capturado.
Una versión actualizada fue utilizada durante la carrera de 24 horas en Fuji Speedway. El vehículo funcionó con combustible HVO, o aceite vegetal hidrotratado, empleado como una alternativa de menor impacto ambiental frente al diésel convencional. Durante la prueba de resistencia, el sistema recolectó cerca de 804 gramos de dióxido de carbono. Para Mazda, el resultado confirmó que el dispositivo puede funcionar no solo en condiciones de laboratorio, sino también durante periodos prolongados de alta exigencia.
Efecto estimado en vehículos de producción
La compañía utiliza como ejemplo al Mazda2 compacto, que al funcionar con gasolina convencional emite aproximadamente 100 gramos de CO2 por kilómetro. El combustible alternativo podría reducir esta cifra alrededor de 90%, mientras que el sistema de captura podría retener aproximadamente 20% adicional del dióxido de carbono restante en los gases de escape. En un cálculo teórico, esto permitiría alcanzar un balance final cercano a menos 10 gramos de CO2 por kilómetro.
Sin embargo, el diseño actual todavía no está listo para su aplicación masiva. El sistema pesa aproximadamente 50 kilogramos, por lo que los ingenieros deberán reducir su peso, dimensiones y costo, además de desarrollar un proceso práctico para el mantenimiento del dispositivo y el reciclaje del material recolectado.
Conclusión
El proyecto de Mazda muestra una posible vía para la evolución de los motores de combustión interna ante el endurecimiento de las exigencias ambientales. La combinación de un combustible de origen biológico con un sistema de captura de CO2 podría reducir las emisiones sin abandonar una configuración de propulsión convencional. La tecnología todavía se encuentra en fase de pruebas, pero el ensayo en competencia confirmó su capacidad para operar bajo cargas elevadas y sostenidas.