20 octubre 2025
Poseo un Hyundai Sonata 2020 con motor 2.5 atmosférico, 180 caballos, caja automática de seis velocidades. Lo compré nuevo en el concesionario a fines de 2020, y ahora lleva poco más de 100 mil kilómetros. Elegí el auto con mucho cuidado y detalle, considerando el Camry, Accord, hasta el Passat, pero me decidí por la Sonata: el equilibrio entre precio, equipamiento y confort real era simplemente perfecto. Empecemos por la suspensión. Está equilibrada de manera ideal: no es blanda, pero tampoco rígida como en los europeos. Absorbe las pequeñas irregularidades con total tranquilidad, y en carretera va recta como una flecha. A 140-150 km/h, la estabilidad es fantástica, sin apenas balanceos, el volante informa bien, aunque el asistente eléctrico se siente un poco artificial. El motor es honesto, sin turbos ni complicaciones extras, funciona suave sin vibraciones. No consume aceite, el nivel se mantiene estable entre servicios. Consumo medio de 8,2 litros por cien kilómetros, en carretera unos 6,5. La caja es adecuada, los cambios son fluidos sin tirones, el kickdown responde un poquito pensativo, pero siempre predecible. El interior es amplio, sobre todo atrás: un adulto puede viajar 500 km sin cansarse ni un ápice. Los asientos son cómodos, calefacción y ventilación funcionan como un reloj. Los materiales son buenos, pero el brillo en el panel central se llena rápido de microfisuras, y la pintura es realmente delicada—aparecen desconchones hasta con piedritas pequeñas. La electrónica a veces hace de las suyas: el multimedia se colgó un par de veces, Android Auto perdía conexión, aunque actualizo puntualmente. Pero el clima, control de crucero y asistencias—todo funciona preciso, sin sorpresas. En resumen, la Sonata no es para efectos wow, sino para confianza y previsibilidad. Es para quienes aman el orden en todo: motor parejo, cabina silenciosa, lógica clara de manejo. No para alardear, sino para quienes valoran el confort, la lógica y la serenidad al volante.
17 octubre 2025
Poseo un Hyundai Sonata 2020, motor 2.5, atmosférico, 180 caballos, automática de seis velocidades. Lo compré nuevo en el concesionario a finales de 2020, ahora tiene poco más de 100 mil km. Elegí el auto con mucho cuidado y detenimiento, consideré Camry, Accord, incluso Passat, pero me decidí por la Sonata - la relación precio, equipamiento y confort real resultó óptima. Empezaré por la suspensión. Está equilibrada a la perfección: no blanda, pero tampoco 'saltarina' como en los europeos. Absorbe las pequeñas irregularidades con calma, en carretera va como por rieles. A 140-150 km/h la estabilidad es excelente, sin balanceos, el volante informativo aunque la asistencia eléctrica se siente un poco artificial. El motor es honesto, sin turbos ni complicaciones, funciona parejo sin vibraciones. No consume aceite, el nivel se mantiene estable entre servicios. Consumo medio - 8,2 litros por cien km, carretera unos 6,5. La caja es adecuada, cambios suaves sin tirones, el kickdown responde un poco pensativo pero predecible. El interior es amplio, sobre todo atrás - un adulto puede viajar 500 km sin cansarse. Asientos cómodos, calefacción y ventilación funcionan como reloj. Materiales buenos, pero el brillo en el panel central se llena rápido de microfisuras, y la pintura es realmente delicada - aparecen astillas incluso de piedritas pequeñas. La electrónica a veces hace de las suyas: el multimedia se colgó un par de veces, Android Auto perdía conexión aunque actualizo a tiempo. Pero el clima, control de crucero y asistentes - todo funciona preciso, sin sorpresas. En general, la Sonata no es por efecto wow, sino por confianza y previsibilidad. Un auto para quienes aman el orden en todo: motor parejo, cabina silenciosa, lógica clara de manejo. No para presumir, sino para quienes valoran el confort, la lógica y la calma al volante.