
De manera oficial, la compañía afirma que no lo hace por dinero, sino para liberar espacio en sus almacenes. Suena noble, pero cuesta creerlo del todo, pues se trata de auténticas joyas de la historia automotriz.
De clásicos de más de un siglo a bólidos de Fórmula 1
En la subasta del 7 de diciembre saldrán a la venta tanto modelos clásicos como leyendas del deporte motor. El ejemplar más antiguo será el Renault Type D de 1901, totalmente funcional. También figura una réplica del Type A de 1898 hecha para el centenario de la marca. Pero la colección va mucho más allá de lo antiguo: hay un Renault 5 con pintura de policía y hasta un Citroën 2CV, el famoso "patito".
Los amantes de los autos deportivos encontrarán verdaderas joyas. Destacan el monoplaza de Fórmula 1 RE27B de 1981 y el RE40 con el que Alain Prost ganó en Bélgica en 1983. Entre las rarezas está el primer prototipo Alpine A442 (chasis 0), las icónicas Turbo 5 y 5 GT Turbo Bandama. Incluso el motor seis cilindros de Lotus con el que Ayrton Senna triunfó en el Gran Premio de Detroit 1986 saldrá a subasta.



¿Por qué Renault se deshace de sus reliquias?
Renault asegura que solo necesita espacio antes de inaugurar un nuevo museo en 2027 en Flins-sur-Seine, donde mostrará 125 años de historia de la marca. Sin embargo, si se analiza más a fondo, la situación no es tan simple. Tras la salida de Luca de Meo, quien criticó fuertemente la imposición eléctrica de la Unión Europea, las acciones de Renault cayeron. Aun así, la compañía sigue apostando por la electrificación.
El nuevo Twingo, un eléctrico puro de solo 3.7 metros de largo, simboliza esta nueva dirección. Es un auto simpático, pero con precio alto y autonomía limitada parece más un juguete urbano que un coche práctico. La ironía es que esta obsesión por los eléctricos está destruyendo el mercado de autos compactos accesibles, tal como lo advirtió de Meo.



¿La venta de la colección es una señal de cambio?
Renault insiste en que tiene dinero de sobra y que solo está liberando bodegas. Pero cuando incluso Mercedes-Benz empezó a vender piezas únicas de su museo, quedó claro que la industria está en plena transformación. La electrificación exige inversiones enormes y las marcas buscan fondos donde puedan, incluso en sus propios archivos.
Puede uno creer que Renault solo quiere renovar su colección y darle nueva vida. Pero sinceramente, aquí parece haber más pragmatismo que romanticismo. Estos coches no son solo metal y llantas. Son parte de la historia, el alma de una época. Y aunque los nuevos propietarios paguen cientos de miles de dólares — precio aproximado de mercado para México —, hay cosas que no tienen precio.