
El consorcio reconoció oficialmente pérdidas significativas relacionadas con la revisión de la estrategia de electrificación, lo que permite evaluar de manera clara las consecuencias de las decisiones tomadas hace varios años en el contexto de las expectativas de una rápida transición del mercado a los vehículos eléctricos.
Planes ambiciosos y expectativas
A finales de la década de 2010, General Motors declaró de manera consistente su intención de cambiar radicalmente su gama de modelos. La compañía anunció planes para lanzar docenas de modelos eléctricos al mercado, invertir decenas de miles de millones de dólares en nuevas plataformas e infraestructura, y en perspectiva, prácticamente abandonar los automóviles con motores de combustión interna.
El elemento clave de la estrategia fue la creencia en una transición rápida y masiva de los compradores al transporte eléctrico. Estas expectativas formaron la base de inversiones a gran escala en fábricas, equipo y cadenas de suministro, diseñadas precisamente para la producción de vehículos eléctricos.

Reacción del mercado y corrección de rumbo
Sin embargo, el desarrollo real del mercado resultó ser considerablemente más moderado. A medida que se reducían los subsidios gubernamentales y se suavizaba la presión regulatoria, las tasas de crecimiento de la demanda de vehículos eléctricos en Norteamérica comenzaron a desacelerarse. Esto llevó a que parte de las capacidades de producción quedaran subutilizadas y los volúmenes de producción planificados previamente resultaran excesivos.
Como resultado, GM se vio obligado a revisar sus planes y reducir las inversiones en la dirección eléctrica, reconociendo efectivamente que el cálculo de un rápido retorno de las inversiones no se justificó.

Consecuencias financieras
A principios de 2026, la compañía informó sobre cancelaciones por un monto de aproximadamente 7.6 mil millones de dólares. Esta cifra incluye pérdidas por proyectos congelados, depreciación de equipo para la producción de vehículos eléctricos, así como gastos relacionados con la terminación de contratos con proveedores.
Formalmente, estas decisiones se explican por el cambio en las condiciones del mercado, pero en esencia se trata de reconocer que una parte significativa de las inversiones se realizó contando con una demanda que no se formó.

Más amplio que un solo fabricante
La situación de GM no es única. Problemas similares enfrentaron otros grandes consorcios automotrices que en los últimos años apostaron por una electrificación acelerada. Esto indica el carácter sistémico del problema y la brecha entre las declaraciones estratégicas y las preferencias reales de los compradores.
Resumen
La cancelación de sumas multimillonarias se convirtió en el resultado de una estrategia basada en la expectativa de una transición rápida e incondicional a los vehículos eléctricos. La experiencia de General Motors muestra que incluso los fabricantes más grandes se ven obligados a corregir el rumbo cuando la realidad del mercado no coincide con los pronósticos a largo plazo y las promesas públicas.