
Las ventas de la compañía han disminuido notablemente, los inventarios han aumentado y los planes de expansión anunciados previamente ya no parecen alcanzables. Este artículo analiza las causas de lo sucedido y explica por qué la desaceleración ha sido tan pronunciada.
De crecimiento récord a las primeras señales de desaceleración
En los últimos años, BYD mostró una dinámica sin precedentes en la industria automotriz moderna. Si en 2021 la empresa vendió alrededor de 750 000 vehículos, al cierre del año pasado las ventas superaron los 4.6 millones de unidades, colocándola entre los mayores fabricantes mundiales. Sobre esa base, la directiva planteaba pronósticos aún más ambiciosos: 5.5 millones de vehículos en el siguiente año y crecimiento sostenido a futuro.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del año pasado los ritmos comenzaron a moderarse. En verano el crecimiento de ventas se detuvo casi por completo, en otoño aparecieron los primeros meses con variación negativa y, hacia fin de año, la brecha entre expectativas y realidad era evidente. Enero de 2026 resultó especialmente revelador.
Resultados de enero y cambio en la estructura de la demanda
En el primer mes del año, BYD comercializó aproximadamente 210 000 vehículos. Esto representa una caída cercana al 30 % respecto a enero del año anterior y casi la mitad en comparación con diciembre. La baja afectó tanto a los modelos 100 % eléctricos como a los híbridos enchufables, segmento que antes se consideraba más resistente.
Frente a la contracción de la demanda interna, las exportaciones siguen siendo un factor positivo. Los envíos fuera de China crecieron más del 50 % y superaron las 100 000 unidades en el mes. Aun así, este incremento aún no compensa la reducción total de ventas.
Cambio en las condiciones del mercado interno chino
Una de las causas principales de la desaceleración ha sido el ajuste en la política gubernamental. Los vehículos eléctricos en China perdieron varias ventajas fiscales: a partir de este año vuelve a aplicarse el impuesto a la compra del 5 %, y muchas subvenciones —incluidas las regionales— han sido eliminadas. Además, se discuten requisitos más estrictos para modelos eléctricos grandes y de alta potencia, lo que podría limitar su presencia en el mercado.
Para los fabricantes esto implica aumento de costos y necesidad de revisar la oferta de productos. En el caso de BYD, la situación se complica por la estrategia de precios de los últimos años, cuando la marca redujo agresivamente los precios, en ocasiones acercándolos al costo de producción.
Presión de precios y riesgos productivos
BYD no puede aumentar precios de forma abrupta debido a la intensa competencia, mientras que reducir volúmenes de producción pone en riesgo las economías de escala en las que se basa gran parte de su rentabilidad. Como resultado, la compañía enfrenta un exceso de vehículos ya fabricados que aún no encuentran compradores suficientes.
Conclusión
La situación de BYD demuestra que incluso los fabricantes de mayor crecimiento son vulnerables a cambios en las condiciones de mercado y regulatorias. La caída de ventas, el incremento de inventarios y la dependencia de las exportaciones plantean un desafío complejo de adaptación. Los próximos meses serán determinantes para saber si BYD logra estabilizar su posición y ajustar su estrategia sin pérdidas significativas.